Cuando hablo de la diferencia entre trabajar por dinero y crear activos, me piden que explique a qué me refiero. Me preguntan cómo se convierte un bien o una idea de negocio en un activo, y cómo dejar de trabajar por dinero para que el dinero trabaje para ellos.
Empresario no es lo mismo que comerciante
Básicamente, esa diferencia se basa en entender que ser empresario y ser comerciante son dos cosas distintas. ¿Todo empresario es comerciante? Sin duda alguna. Pero no todo comerciante es empresario, porque el éxito de una idea de negocio no depende solo de la habilidad para comprar un bien en 100 y venderlo en 150.
La destreza de un empresario está en convertir su negocio en un activo que incremente su valor comercial día a día, sin importar los retos que enfrente, porque sabe qué debe fortalecer en su empresa para hacerla más rentable, no solo en ingresos, sino en el valor de su marca, bien o activo.
La historia del bambú chino
Por eso quise compartir una historia que encierra los aspectos fundamentales que todos debemos entender al desarrollar un activo: cómo crece el bambú chino.
Una vez plantado, parece no crecer durante los primeros cuatro años. En ese tiempo no se aprecia cambio alguno, pero es justo cuando se desarrolla su estructura: las raíces se expanden hacia abajo para fortalecerse. No es sino hasta el quinto año cuando el bambú chino comienza a crecer hacia arriba, y llega a alcanzar hasta veinticinco metros de altura en pocas semanas.
Qué tiene que ver con crear activos
Al comenzar una idea de negocio o una marca personal, debemos comprender que pasaremos un tiempo sin ver resultados aparentes. Muchos espectadores te dirán «tu idea no funciona» o «abandónalo y pon los pies en la tierra», porque mirarán y no verán crecer absolutamente nada. Me atrevo a decirte que hasta dudarás de haber sembrado algo.
Lo que debes entender es que, si trabajas con disciplina y compromiso en tu idea, el crecimiento de las raíces bajo tierra será inevitable.
El fracaso tiene mil excusas, pero el éxito habla por sí solo.
En resumen
Atrévete a emprender si estás dispuesto a regar tu activo, a ser paciente en el proceso y a enfocarte no en construir un negocio que solo genere dinero, sino una empresa que sirva a la comunidad, mejore la calidad de vida de las personas y le dé una experiencia al cliente. El éxito hablará por sí solo y la prosperidad llegará como consecuencia. Allí quedará clarísima la diferencia entre trabajar por dinero y hacer que el dinero trabaje para ti.
Columna publicada originalmente en Caraota Digital (feb 2017), revisada y actualizada para este blog.
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Estratega de inversión con más de 15 años de experiencia, conferencista internacional, autor de La Arquitectura del Dinero y creador del Método RCR: Rentabilidad, Consistencia y Riesgo.
Este contenido es educativo y no constituye asesoría financiera personalizada ni promesa de rentabilidad. Invertir implica riesgos, incluida la posible pérdida del capital.
