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Economía

El dinero sí crece en los árboles: la historia del fin del patrón oro

“¿Tú piensas que el dinero crece en los árboles?”. Escuché esa frase saliendo de la clase de fútbol de mi hijo, y la verdad es otra: el dinero sí crece en los árboles.

Alejandro Quiñones
Alejandro Quiñones25 sept 20173 min de lectura

Dejaba a mi hijo en la clase de fútbol y, mientras me subía al carro, escuché a una señora decirle al niño que llevaba de la mano: “Hijo, no pidas tanto. ¿Tú piensas que el dinero crece en los árboles?”.

Eso me dejó pensando: ¿será real ese refrán? Muchos lo hemos escuchado. Según quienes lo usan, es una especie de llamado a ser precavidos y a tomar conciencia de que el dinero no abunda como las hojas de los árboles.

La verdad es otra

Pero la verdad es otra: el dinero sí crece en los árboles, y entenderlo es crucial para nuestro éxito financiero. Como lo he mencionado muchas veces, en la medida en que cambie nuestra percepción del dinero, podremos tomar decisiones financieras mucho más acertadas.

Las personas con mentalidad de pobreza trabajan por dinero; las personas con mentalidad de riqueza hacen que el dinero trabaje para ellas.

La diferencia entre ricos y pobres no está en sus posesiones materiales, sino en su forma de pensar, en la información que manejan y en los principios y hábitos financieros que aplican en su vida.

Bretton Woods: cuando el dólar estaba respaldado por oro

Para ilustrar esta afirmación, quiero contarte una historia que nos ayuda a comprender por qué el dinero es papel.

En 1944, en el complejo hotelero de Bretton Woods (New Hampshire, Estados Unidos), se firmaron varios acuerdos que cambiaron la política monetaria y financiera mundial y permitieron que Estados Unidos surgiera como la primera potencia después de la Segunda Guerra Mundial. En ese momento representaba alrededor del 7 % de la población, pero concentraba cerca del 50 % del PIB mundial.

El principal objetivo del sistema de Bretton Woods fue poner en marcha un nuevo orden económico y dar estabilidad a las transacciones comerciales mediante un sistema monetario con un tipo de cambio sólido y estable, basado en el dominio del dólar:

  • Se adoptó un patrón oro en el que Estados Unidos debía mantener el precio del oro en 35 dólares por onza y cambiar dólares por oro a ese precio.
  • Los demás países fijaban el precio de sus monedas con relación al dólar y, de ser necesario, intervenían en los mercados cambiarios para mantener sus tipos de cambio dentro de una banda de fluctuación del 1 %.

En palabras sencillas: el dólar estaba respaldado por el oro, y eso generó confianza y estabilidad tanto para la economía de Estados Unidos como para la economía mundial.

1971: el día en que el dólar se volvió papel

Para 1971, tras la guerra de Vietnam y con un gasto interno que crecía cada día, Richard Nixon decidió suspender la convertibilidad del dólar en oro. El dólar quedó sin respaldo en oro, lo que abrió la puerta para emitir más dinero y cumplir con las obligaciones del gobierno. Ese día, literalmente, el dólar pasó a ser papel, de ese que crece en los árboles.

Clave: si el dinero es papel y pierde valor a medida que se imprime e inyecta en el mercado, la estrategia es dejar de trabajar solo por dinero y enfocar tus esfuerzos en construir activos.

En resumen

Desde que el dólar dejó de estar respaldado por el oro, el dinero es papel que pierde valor a medida que se imprime. Por eso, en lugar de perseguirlo, debemos construir activos que lo pongan a trabajar para nosotros.

Tengamos siempre presente que, cuando trabajamos solo por dinero, subimos por las escaleras, pero la inflación sube por el ascensor: es una carrera de velocidad que nunca ganaremos.

Columna publicada originalmente en Caraota Digital (sept 2017), revisada y actualizada para este blog.

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Alejandro Quiñones
Alejandro Quiñones

Estratega de inversión con más de 15 años de experiencia, conferencista internacional, autor de La Arquitectura del Dinero y creador del Método RCR: Rentabilidad, Consistencia y Riesgo.

Este contenido es educativo y no constituye asesoría financiera personalizada ni promesa de rentabilidad. Invertir implica riesgos, incluida la posible pérdida del capital.