Cuando escribí esto, en Venezuela vivíamos un momento histórico: todos los días ocurrían cambios que muchas veces no sabíamos manejar. A los ojos de muchos, las oportunidades escaseaban, y muchos venezolanos optaron por irse del país en busca de mejores condiciones para ellos y sus familias. Una decisión admirable y respetable desde muchos puntos de vista.
Ahora bien, ¿ya no existían oportunidades? ¿O eran solo conjeturas de quienes siempre ven el vaso medio vacío? ¿Vivíamos en un país muerto y sin oxígeno, donde nada florece, o eran solo actitudes que nublaban nuestra mente y no nos dejaban ver las opciones que teníamos enfrente?
Tiempo propicio para sembrar
Escuchaba desesperanza en las palabras de muchas personas con quienes compartía el día a día. Las lamentaciones eran el pan nuestro de cada conversación y el pesimismo, parte de nuestro vocabulario habitual. Pero mi duda seguía presente: ¿ya no hay nada más que hacer?
Me resisto a ese tipo de pensamiento porque, al contrario de lo que muchos creen, los momentos difíciles son el tiempo propicio para sembrar.
Con la migración del talento humano quedaron muchos espacios vacíos, y esos espacios siguen siendo importantes, porque quienes deciden quedarse deben satisfacer necesidades y deseos fundamentales. Mientras algunos solo observan las carencias, otros ven un lugar donde todo está por hacerse o recuperarse.
Ante una situación así solo hay dos decisiones: irse o quedarse. Pero si la decisión es quedarse, tenemos que desarrollar la inteligencia financiera que nos permita ver oportunidades, educarnos para manejar el dinero con eficiencia y emprender con éxito en un lugar lleno de retos, pero también de oportunidades.
Del carbón al diamante
Las oportunidades abundan, pero no aparecen frente a nosotros como un diamante pulido. Tenemos la cultura equivocada de pensar que, si una oportunidad no es obvia, es porque no existe. Nada más alejado de la realidad.
Las oportunidades casi siempre se presentan como un carbón que necesita pasar por un proceso de transformación para convertirse en el diamante que todos desean tener. Por eso muchas personas no logran nada: solo buscan el producto terminado y no quieren pagar el precio por nada que valga la pena.
Las oportunidades realmente no se ven con los ojos, sino con una mente educada.
La educación es la única forma de verlas
La única forma de entender este proceso es a través de la educación y la información. Las respuestas no están afuera, sino dentro de cada uno de nosotros: en la habilidad que estemos dispuestos a desarrollar para convertir ese carbón en un activo lucrativo y rentable para nuestro bienestar financiero.
Situaciones y retos hay en todas partes. Solo debemos identificar esas oportunidades que para muchos no son obvias, pero que para otros son el comienzo de la generación de riqueza a corto, mediano y largo plazo.
En resumen
Donde muchos ven escasez, una mente educada ve espacios por llenar. Salgamos con la actitud correcta, la que nos permite identificar esas oportunidades y convertirlas en riqueza.
Columna publicada originalmente en Caraota Digital (nov 2017), revisada y actualizada para este blog.
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Estratega de inversión con más de 15 años de experiencia, conferencista internacional, autor de La Arquitectura del Dinero y creador del Método RCR: Rentabilidad, Consistencia y Riesgo.
Este contenido es educativo y no constituye asesoría financiera personalizada ni promesa de rentabilidad. Invertir implica riesgos, incluida la posible pérdida del capital.
